UNAM identifica compuestos en plantas contra mal de Chagas

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el planeta hay 18 millones de personas infectadas con Trypanosoma cruzi, parásito causante del mal de Chagas, y cada año se registran 45 mil fallecimientos por esta enfermedad de países pobres. En México los estados más afectados son Oaxaca, Veracruz, Morelos y Yucatán.

Es transmitido mediante las heces de un insecto conocido como chinche besucona (Triatoma infestans), que por lo general vive en las paredes de casas de bajareque (caña), ubicadas en zonas tropicales, de donde brinca a las personas (tiene tendencia a picar en la comisura de los labios y cerca de los ojos).

Como este insecto defeca mientras pica y chupa sangre, el individuo, al rascarse, abre una minúscula herida en la piel a través de la cual T. cruzi ingresa en el torrente sanguíneo y, después, en las células.

En el lugar del piquete se forma un chagoma (hinchazón) y la persona padece algunos malestares leves, como dolor de cabeza, fiebre, tos y dolor abdominal. Con el tiempo la hinchazón desaparece, pero el parásito ya se encuentra dentro del organismo sin ocasionar, en 95 por ciento de los casos, síntomas.

Así pueden pasar 10, 15 o más años, hasta que un día el mal de Chagas se manifiesta por medio de insuficiencia cardiaca y agrandamiento de órganos internos, como el esófago, el colon y el mismo corazón. En esta etapa crónica de la enfermedad, los únicos medicamentos disponibles para su tratamiento (nifurtimox y benznidazol) resultan poco efectivos y presentan muchas contraindicaciones.

También puede transmitirse por transfusión sanguínea, trasplante de órganos, infección congénita, ingestión de alimentos contaminados y, en ocasiones, por contacto con sangre de personas o animales infectados.

Durante 10 años, Ricardo Reyes Chilpa, investigador del Instituto de Química (IQ) de la UNAM, y su equipo, estudiaron cerca de 80 plantas mexicanas con potencial medicinal, en colaboración con un grupo dirigido por Hiroshige Akahane y Fumiko Abe, de la Universidad de Fukuoka, en Japón.

Posteriormente –a raíz del fallecimiento de Akahane y del retiro de Abe– reanudaron el estudio con un grupo del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm) de esta casa de estudios, encabezado por Bertha Espinoza.

“Lo que hicimos fue un sondeo basado en un método bioprospectivo (no en la medicina popular) para localizar plantas con compuestos interesantes y, a la par, investigamos algo de su química y de sus principios activos. Analizamos, sobre todo, extractos provenientes de la raíz, las hojas y la corteza. De esta manera pudimos distinguir varias que podrían ser auxiliares para combatir el mal”, dijo Reyes Chilpa.

Hoy, el universitario y su equipo han identificado compuestos con potencial contra T. cruzi en las plantas guaco (Aristolochia taliscana) y aguacate (Persea americana), así como en otras menos conocidas como limoncillo (Garcinia intermedia); bari (Calophyllum brasiliense) y zapote domingo (Mammea americana). Asimismo, han identificado las especies ahuehuete (Taxodium mucronatum); anona (Annona reticulata) y chirimoya (Annona cherimola) como promisorias para obtener compuestos activos.

“Hemos trabajado, por ejemplo, con algunos lignanos de guaco, con xantonas de limoncillo y de bari, con cumarinas de zapote domingo y con alcoholes de cadena larga de la semilla de aguacate. Hay que comprobar que estos compuestos sean efectivos en la fase en que T. cruzi está en el insecto pero, sobre todo, en las que se desarrolla dentro del organismo humano”, detalló.

Por lo pronto, en colaboración con Bertha Espinoza, Karla Daniela Rodríguez Hernández, alumna del doctorado en Ciencias Biomédicas, ya prueba algunos de los compuestos más promisorios en ratones infectados con el parásito.

El siguiente paso consiste en evaluar la toxicidad de estos compuestos en células normales (como linfocitos) y en modelos animales. A continuación se probarían en humanos (fase clínica) antes de usarlos en la elaboración de un medicamento específico o de un fitofármaco, concepto novedoso que se aplica a extractos de origen vegetal formulados y evaluados farmacológicamente como los medicamentos convencionales, pero cuyo costo de producción es menor.

Con el grupo japonés, Reyes Chilpa y su equipo trabajaron con cepas de T. cruzi de Guatemala, porque eran las únicas que tenían; ahora lo hacen con cepas de México.

“La investigación registra avances interesantes. Algunos compuestos tienen una actividad antiparasitaria alta, incluso mejor de la que presentan los fármacos de referencia, así como una baja toxicidad”, indicó el investigador.

Las plantas estudiadas son originarias de zonas del país con diferentes climas y ecosistemas: selvas, desiertos y bosques secos, entre otras.

Con el apoyo de Abigail Aguilar, maestra en ciencias y jefa del Herbario de Plantas Medicinales del Instituto Mexicano del Seguro Social, y de Edith López Villafranco, también maestra en ciencias de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, colectaron una parte de ellas en mercados, donde se expenden comúnmente como remedios caseros.

DGCS UNAM

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