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Muerte de Patricia exhibe el trabajo infantil en la CDMX

La muerte de Patricia, una niña de seis años que fue atropellada el fin de semana en Nuevo León esquina Insurgentes, en la delegación Cuauhtémoc, exhibió un mal que pega a la Ciudad de México y al país: pese a los esfuerzos por erradicarlo, persiste el trabajo infantil.

Patricia realizaba malabares en dicho crucero para, junto con su hermana de 10 años, obtener dinero; su vida acabó cuando un conductor identificado como Jorge “N” de 35 años, presuntamente no habría respetado la luz roja del semáforo y arrolló a la menor.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indican que en 2011 la población total de cinco a 17 años en la Ciudad de México era de un millón 823 mil 32 personas; de ellas se encontraban trabajando 113 mil 796.

Asimismo se encontraban trabajando 28 mil 764 niñas y niños de cinco a 14 años de edad, es decir, el 25.2% de los menores de edad ocupados se encontraban por debajo de la edad legal para trabajar, que es de 14 años.

La Constitución Política estipula en su artículo 123 que está prohibida la utilización del trabajo de los menores de 14 años, lo mismo que establece la Ley Federal del Trabajo.

En la Ciudad de México la Ley de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes obliga a las autoridades a prevenir, atender y sancionar los casos en que los menores se vean afectados por el trabajo antes de los 15 años o que superada esta edad desarrollen actividades que perjudiquen su salud, educación o impidan su desarrollo físico y mental.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés) define a la infancia como “la época en la que los niños y niñas tienen que estar en la escuela y en los lugares de recreo, crecer fuertes y seguros de sí mismos y recibir el amor y el estímulo de sus familias y de una comunidad amplia de adultos”.

“Es una época valiosa en la que los niños y las niñas deben vivir sin miedo, seguros frente a la violencia, protegidos contra los malos tratos y la explotación. Como tal, la infancia significa mucho más que el tiempo que transcurre entre el nacimiento y la edad adulta. Se refiere al estado y la condición de la vida de un niño, a la calidad de esos años”, agrega.

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¿Todo empleo es malo?

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “no todas las tareas realizadas por los niños deben clasificarse como trabajo infantil que se ha de eliminar. Por lo general, la participación de los niños o adolescentes en trabajos que no atentan contra su salud y desarrollo personal ni interfieren con su escolarización se considera positiva”.

Entre otras actividades, cabe citar la ayuda que prestan a sus padres en el hogar, la colaboración en un negocio familiar o las tareas que realizan fuera del horario escolar o durante las vacaciones para ganar dinero de bolsillo. Este tipo de actividades son provechosas para el desarrollo de los pequeños y el bienestar de la familia, afirma la OIT.

No obstante, la otra cara de la moneda es el trabajo infantil que se considera peligroso y perjudicial para el bienestar físico, mental y moral del niño e interfiere con su educación, pues en muchas ocasiones interfiere con sus clases o debe dejar la escuela.

“En las formas más extremas de trabajo infantil, los niños son sometidos a situaciones de esclavitud, separados de su familia, expuestos a graves peligros y enfermedades y/o abandonados a su suerte en la calle de grandes ciudades (con frecuencia a una edad muy temprana)”, alerta.

Causas del trabajo infantil

El libro El trabajo infantil en México: avances y desafíos, de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social del Gobierno federal, indica que entre las causas principales de este fenómeno están las condiciones de pobreza de la familia, factores vinculados a la salud de los padres o educación.

El INEGI ha identificado como causas del trabajo infantil que niños buscan pagar su escuela o sus propios gastos; el hogar necesita de su aportación económica, por gusto o por ayudar; aprender un oficio, entre otros no especificados.

La OIT la describe como un círculo vicioso: “la familia es pobre, así que el niño debe trabajar; debido a que el niño trabaja, no puede estudiar; sin educación, sus ingresos como adultos son proclives a ser bajos; debido a sus bajos ingresos envía a sus hijos a trabajar” y se repite el ciclo.

Impacto en la salud

De acuerdo con la OIT las niñas, niños y adolescentes están expuestos a todos los peligros que enfrentan las personas adultas en los lugares de trabajo, sin embargo, estos afectan en mayor medida sus cuerpos, ya que todavía se encuentran en etapa de desarrollo.

Entre las vulnerabilidades físicas destacan la piel pues es fina y puede absorber mayor cantidad de toxinas; sistema respiratorio debido a que respiran más profundamente y con mayor frecuencia que una persona adulta, lo cual supone mayor riesgo de inhalar sustancias peligrosas.

Cerebro, ya que retiene metales más fácilmente durante la infancia y en mayor proporción que un adulto; en suma, los menores expuestos al trabajo infantil negativo o que le afecta directamente incide en su esperanza de vida, pues “cuanto antes empiece a trabajar una personas, tendrá más riesgo de presentar signos prematuros de envejecimiento”.

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Publimetro