Categorías
Mundo

Por qué hoy se puede vivir en Hiroshima, pero no en Chernóbil

El seis de agosto de 1945, hace 70 años ya, un bombardero B-29 estadounidense dejó caer una bomba nuclear sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. El 26 de abril de 1986, el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil explotó. Entre ambos desastres hay décadas de diferencia, sin embargo, hoy se puede vivir en Hiroshima, pero no en Chernóbil. ¿Cómo es posible?

Las cifras de la tragedia parecen contradecir la lógica. La bomba de Hiroshima mató instantáneamente a 70.000 personas e hirió a otras tantas de gravedad. El radio de la explosión redujo a cenizas todo en un radio de 1,6 kilómetros. Eso sin contar los incendios y la lluvia radioactiva. Pese a todo ello, hoy es posible pasear y vivir por las mismas calles sobre las que detonó la bomba.

En Chernóbil, por contra, y según el informe de la Agencia para la Energía Nuclear la explosión del reactor solo produjo la muerte de dos empleados de la planta como consecuencia directa de la explosión esa misma noche, y otros 29 en los tres meses siguientes. Sin embargo, el número de muertes provocadas por la radiación posiblemente nunca se sepa con seguridad. El reactor es hoy el epicentro de una zona de exclusión de 30 kilómetros de radio. 160.000 personas fueron evacuadas y los niveles de radiación cercanos superan cientos de veces el máximo permitido en algunos puntos.

Hay varias razones por las que un lugar es habitable y el otro no, pero fundamentalmente se reducen a tres:

Diferentes cantidades de combustible nuclear

BOMBA

La bomba de Hiroshima llevaba en su interior 6,3 kilogramos de plutonio. En el reactor 4 de Chernóbil había 180 toneladas de combustible nuclear del que el 2% (3.600 kilos) era uranio puro. Cuando el reactor explotó y voló la cubierta que lo protegía, se estima que se liberaron siete toneladas de ese combustible (200 de uranio). Solo esta diferencia ya explica muchas cosas.

A diferente altura y con diferente eficiencia

Las consecuencias destructivas de la bomba de Hiroshima hubieran sido mucho peores si hubiera detonado al nivel del suelo, pero lo hizo a unos 600 metros de altura. Según la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación (RERF), solo aproximadamente el 10% del plutonio de la bomba entró en fisión. La propia explosión evaporó el 90% restante y lo catapultó hasta la estratosfera. Los vientos se encargaron de dispersar la peor parte.

En Chernóbil, por contra, la explosión se produjo al nivel del suelo y, aunque fue mucho menos potente, fue mucho más efectiva a la hora de diseminar isótopos radioactivos. La deflagración y el incendio posteriores evaporaron los materiales del reactor y los repartieron alrededor de la planta en dosis masivas.

Neutrones y rayos gamma

Vista del Parque Memorial de la Paz de Hiroshima. La Cúpula Genbaku, a la izquierda, permaneció en pie después del bombardeo y se conserva así desde entonces.
Vista del Parque Memorial de la Paz de Hiroshima. La Cúpula Genbaku, a la izquierda, permaneció en pie después del bombardeo y se conserva así desde entonces.

La bomba de Hiroshima generó una fuerza equivalente a 21 kilotones (un kilotón equivale, en masa, a 1.000 toneladas de explosivo TNT). La bomba elevó la temperatura instantáneamente hasta un millón de grados, creando una esfera de fuego de 256 metros de diámetro antes de que pasara un segundo. Pese a ese poder destructivo, solo el 10% de la radiación liberada por la bomba era radiación de neutrones, que es la que impregna la materia no radioactiva haciéndola radioactiva. El resto eran rayos gamma, que son letales en el momento, pero no dejan la misma impronta en el terreno o los objetos. Los isótopos de Chernobyl, altamente radioactivos, muchos de ellos gases, lo impregnaron todo.

A resultas de todo ello, las dosis de radioactividad en el área de Chernobyl siguen siendo, en muchos casos, letal en un plazo de días o semanas. La radiación ambiental que emite nuestro propio planeta oscila entre 0,1 y 0,2 microsieverts o μSv por hora (un microsievert es la millonésima parte de un Sievert o 1/1.000.000 Sv). El lugar sobre el que explotó la primera bomba nuclear en Hiroshima ronda los 0,3 μSv. Hay zonas del mundo que reciben más radiación de forma natural.

NUC

En Chernóbil, la radiación depende mucho del lugar. En algunos sitios los niveles son normales. En otros son de 20, 30 y hasta 300 μSv. Las personas que trabajan en el nuevo sarcófago de la central solo pueden hacerlo en turnos de unas pocas horas muy separados entre sí. Lo peor del asunto es que, aunque hemos logrado no volver a arrojar artefactos nucleares sobre ninguna ciudad desde Hiroshima y Nagasaki, los accidentes en centrales siguen sucediendo, y Fukushima es el más triste ejemplo.

The town of Prypyat is seen against the background of the damaged reactor at the Chernobyl nuclear power plant in Prypyat, Ukraine, Tuesday, April 23, 2013. At background right is a gigantic steel-arch under construction to cover the remnants of the exploded reactor. Ukraine marks the 27th anniversary of the world's worst nuclear disaster on April 26. (AP Photo/Efrem Lukatsky)
The town of Prypyat is seen against the background of the damaged reactor at the Chernobyl nuclear power plant in Prypyat, Ukraine, Tuesday, April 23, 2013. At background right is a gigantic steel-arch under construction to cover the remnants of the exploded reactor. Ukraine marks the 27th anniversary of the world’s worst nuclear disaster on April 26. (AP Photo/Efrem Lukatsky)

Gizmodo

Categorías
Mundo

¿Era necesario lanzar la bomba atómica contra Hiroshima?

Nadie había tomado nunca antes una decisión así. Hasta el momento ninguna otra persona lo ha hecho. Y nadie más ha tenido que convivir con semejantes consecuencias.

Pero ordenar transformar a toda una ciudad en una sucursal del infierno y en el proceso acabar con la vida de 140.000 seres humanos -en su inmensa mayoría civiles, muchos luego de terribles padecimientos- no puede ser fácil.

Eso fue sin embargo lo que ocurrió después de que Harry S. Truman autorizó el lanzamiento de una bomba atómica sobre la localidad japonesa de Hiroshima, un 6 de agosto de hace ya 70 años.

“La usamos para acortar la agonía de la guerra, para salvar las vidas de miles y miles de jóvenes estadounidenses”, se justificó el presidente estadounidense tres días después, en un mensaje transmitido el día del lanzamiento de una segunda bomba sobre la ciudad de Nagasaki.

Y pocos después, el 15 de agosto de 1945, Japón finalmente anunció la rendición incondicional que desde hacía tiempo se le venía exigiendo. Terminaba así la Segunda Guerra Mundial y empezaba un debate que todavía no ha terminado.

CUESTIONAMIENTO

Efectivamente, muchos todavía consideran que la relativamente rápida rendición japonesa valida la decisión de Truman de recurrir a las armas nucleares. Para ese entonces, los bombardeos de la fuerza aérea estadounidense ya habían causado más muertos que los que eventualmente provocarían los dos artefactos nucleares. Y Japón no se rendía.

Y la alternativa -una invasión acompañada por un bloqueo naval- muy probablemente hubiera tenido un costo todavía mucho mayor en vidas humanas, para ambos bandos.

Otros, sin embargo, jamás considerarán justificable el uso de armas o estrategias que no discriminan entre combatientes y civiles, y no falta quien considere que lo de Hiroshima fue un crimen de guerra.

Pero además, incluso en 1945, muchos estaban convencidos de que una rendición japonesa se podía obtener sin recurrir a las armas nucleares.

“UNA PEQUEÑA CONCESIÓN”

“Los japoneses estaban listos para rendirse y no hacía falta golpearlos con esa cosa horrible”, diría por ejemplo, años después, Dwigth Eisenhower, en aquel entonces máximo comandante de las fuerzas aliadas en Europa y eventual sucesor de Truman en la Casa Blanca.

Y numerosos académicos -como Mark Selden, profesor de la Universidad de Cornell y editor de The Asia-Pacific Journal- han llegado a la conclusión de que las bombas no fueron tampoco el factor determinante para que Tokio se rindiera.

“Los japoneses ya habían sufrido la destrucción de ciudad, tras ciudad, tras ciudad, con la pérdida de aproximadamente medio millón de vidas, por causa de los bombardeos estadounidenses. Y no habían parpadeado”, reconoció Selden.

“Pero era porque estaban queriendo obtener una pequeña concesión de Estados Unidos, que exigía una rendición incondicional: la protección del emperador”, le explicó a BBC Mundo.

Según Selden, antes de la detonación de Hiroshima, Japón ya estaba buscando desesperadamente un camino hacia la rendición y para ello había buscado incluso la intermediación de la Unión Soviética, con la que había suscrito un tratado de neutralidad años antes.

Pero, para el académico, los soviéticos no estaban realmente interesados en ayudar a la negociación, pues les ataría más la idea de sumarse al conflicto para hacerse con nuevos territorios y obtener otras ventajas.

Y según Tsuyoshi Hasegawa, profesor del departamento de historia de la Universidad de California en Santa Bárbara, fue precisamente la posibilidad de un involucramiento soviético lo que terminó de decidir a Truman por el uso de la bomba.

ALIADOS INCÓMODOS

“La entrada de la URSS habría acelerado el fin de la guerra. Pero EE.UU. ya había empezado a entrar en conflicto con los soviéticos en Europa del este, por lo que había preocupaciones”, le dijo Hasegawa a BBC Mundo. “Es decir, Truman tenía un dilema. Y la bomba resolvió ese dilema”.

“En otras palabras, la principal razón para usar la bomba fue forzar a los líderes japoneses a que se rindieran antes de que los soviéticos entraran a la guerra. Las dos cosas están muy conectadas”, explicó.

Y tanto él como su colega de Cornell coinciden en que fue precisamente la decisión de Moscú de sumarse al conflicto contra los japoneses, dos días después de Hiroshima, lo que terminó de forzar la rendición nipona.

“Yo creo que es útil pensar en el lanzamiento de la bomba como el primer gran momento de lo que muchos llaman o les gusta llamar ‘la Guerra Fría'”, dijo Selden, quien cree que Washington también veía la bomba como una forma de mandarles un mensaje a los soviéticos.

“Y vista desde Tokio, desde el palacio imperial, la idea de tener a los rusos a cargo, en lugar de a los estadounidenses, debe haber parecido tremendamente poco atractiva”, le explicó a BBC Mundo.

EL PESO DE LA OPINIÓN PÚBLICA

Para muchos, la sensación de que la bomba tenía mucho de mensaje para la URSS se amplificaría cuando, después de la rendición EE.UU., no tuvo problemas en permitir lo que tanto había pedido Japón: conservar en el trono al emperador Hiroito.

¿Por qué no hacerlo antes si, como opina Hasegawa, esto habría podido acelerar el final del enfrentamiento? Efectivamente, según el académico japonés, si Truman quería terminar la guerra cuanto antes y sin usar la bomba atómica, tenía dos opciones.

“Uno, podía haber invitado a Stalin a suscribir la declaración de Postdam [que exigía la rendición de Japón] . Dos, podía haberle dado a los japoneses la señal de que EE.UU. estaba dispuesto a preservar el sistema imperial. Pero no hizo ninguna de las dos”, le dijo a BBC Mundo.

Y, para él, el sentimiento antijaponés que predominaba en EE.UU. luego del ataque a Pearl Harbor puede ayudar a entender por qué nunca hizo llegar ese mensaje.

“Los japoneses empezaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto ese golpe multiplicado”, fue de hecho una de las primeras cosas que dijo Truman en el mensaje en el que informó al mundo del ataque contra Hiroshima.

“La usamos contra aquellos que nos atacaron sin advertencia en Pearl Harbor, en contra de aquellos que han matado de hambre, golpeado y ejecutado prisioneros de guerra estadounidenses, en contra de aquellos que han abandonado cualquier pretensión de obedecer las leyes internacionales de la guerra”, insistiría en su mensaje del día del ataque nuclear contra Nagasaki.

Y aunque hay otros que piensan que la bomba también fue detonada para justificar los miles de millones de dólares invertidos en el proyecto Manhattan o para permitir su perfeccionamiento, Selden no le da mucho peso a esos argumentos.

“Puede que haya sido un factor, pero no le doy mucho énfasis porque la lógica de usar la bomba para terminar la guerra y la lógica de usar la bomba para enviarle un mensaje a los soviéticos es muy, muy poderosa. No necesita de eso”, le dijo a BBC Mundo.

Por otro lado, también hay historiadores que disputan la aserción de que Japón estaba listo a rendirse y que EE.UU. lo sabía.

“Los japoneses no veían su situación como catastróficamente desesperada. Tampoco estaban buscando cómo rendirse, sino intentando una salida negociada a la guerra que preservara el viejo orden en Japón, no nada más la figura del emperador”, escribió, por ejemplo, Richard B. Frank en un ensayo publicado en ocasión del 60 aniversario de Hiroshima.

Y, según Frank, gracias a las intercepciones radiales los líderes estadounidenses también sabían que la paz todavía no estaba al alcance de la mano y que Japón todavía tenía que ser golpeado con fuerza para que se rindiera.

LO QUE PUDO SER

En cualquier caso, Japón nunca se rindió. Y ni los gobiernos, ni los militares, actúan basados en intenciones. Y tanto Hasegawa como Selden coinciden en que, habiendo desarrollado la bomba, era muy difícil que EE.UU. no la terminara utilizando durante la guerra.

“Las reticencias morales habían sido superadas incluso antes de la bomba atómica, así que pasar de las bombas incendiarias a las bombas atómicas fue una decisión relativamente fácil porque es nada más un asunto de escala: es hacer con una bomba lo que antes hacían 300 bombarderos B29”, explica Hasegawa.

Y esa es también la razón por la que Selden critica el uso de la bomba atómica, que para él no fue sino una extensión del uso de bombas incendiarias “en 64 ciudades japonesas, con pérdidas inmensas de vidas humanas”.

“El argumento no es que Estados Unidos inventó esa forma de hacer la guerra. De hecho, creo que los japoneses y los alemanes fueron los primeros, luego los británicos los siguieron y los estadounidenses a ellos”, le dijo a BBC Mundo.

“Y puedo apreciar el otro lado del argumento, que los militares tiene como prioridad proteger a sus propios soldados y terminar la guerra. No es algo irrelevante”, explicó.

De hecho, eso puede explicar que según el comandante del Enola Gay, el avión que dejó caer la bomba sobre Hiroshima, las primeras palabras de su copiloto no fueron “¡Dios mío, qué hemos hecho!”, como quiere la leyenda, sino “¡Dios mío, miren a esa hija de p.!”.

Selden, sin embargo, también lamenta profundamente lo que considera es el mayor legado de Hiroshima: “Ese fue el inicio de lo que se convertiría en una forma muy estadounidense de guerrear en el período de post-guerra: el bombardeo de civiles, al tiempo que se lo niega”, le dijo a BBC Mundo.

Y tal vez, por eso, más útil que preguntarse si el uso de la bomba atómica de Hiroshima era necesario o no, o evitable o no, su aniversario debería servir para reflexionar sobre las formas en las que, todavía hoy, se hace la guerra. En el que todavía hay guerra..

La Nación