Muere una niña de 13 años después de usar un tampón

Jemma-Louise Roberts murió después de usar un tampón. Al parecer, la chica de 13 años fue al médico en marzo porque sufría vómitos y diarrea, síntomas que se interpretaron como un simple virus estomacal. Una semana después, Jemma-Louis estaba muerta. Solo entonces supieron sus padres que la causa había sido el síndrome de shock tóxico.

Hoy, coincidiendo con el Mes de la Sensibilización sobre la Septicemia, su madre, Diane Roberts, está hablando con los medios para lanzar un mensaje: el síndrome de shock tóxico, o SST, no es cosa del pasado.

A principios de la década de 1980 había un miedo generalizado al SST. Solo en 1980 el Centro de Control de Enfermedades registró 813 casos de SST en mujeres con el periodo, 38 de los cuales fueron mortales. Los fabricantes de tampones tuvieron que enfrentarse a demandas y los populares tampones superabsorbentes Rely se retiraron del mercado poco después. En 1982, se introdujeron modificaciones legislativas en EU que obligaban a los fabricantes a incluir un mensaje de advertencia en los envases de sus productos: “Lea y conserve esta información antes de usar el producto. El síndrome de shock tóxico (SST) es una enfermedad poco frecuente, pero grave, que se asocia con el uso de tampones y puede provocar la muerte”.

Pero la enfermedad no ha desaparecido. Hace unos meses, la modelo de Los Ángeles Lauren Wasser anunció que había presentado una demanda contra Kotex tras haberse tenido que amputar la pierna derecha a causa del SST.

Pese a que han pasado más de 30 años desde el miedo inicial, Philip Tierno, profesor de microbiología y patología de la Facultad de medicina de la Universidad de Nueva York, asegura que las consumidoras de tampones no deben bajar la guardia respecto al SST. Es una enfermedad muy poco común, añade, pero los fabricantes aún pueden mejorar la seguridad de sus productos.

El SST es una enfermedad de los jóvenes.

Durante la década de 1980, Tierno estuvo a la vanguardia de los que defendían que el SST estaba causado por los materiales sintéticos con los que se fabrican los tampones, movido por un artículo de Cosmopolitan que le mostró su mujer en el que se explicaba que, tras usar un tampón, muchas mujeres sufrían sarpullidos, vómitos y fiebre. “Parecía haber un elemento común en todas aquellas mujeres”, me explicó Tierno. “Todas usaban tampones, tenían la menstruación y eran portadoras del estafilococo”.

Tierno recuerda que su mujer se volvió hacia él y le preguntó: “¿No eres experto en el estafilococo? ¿No podrías averiguar qué pasó?.

Tierno examinó muestras de los famosos tampones Rely, fabricados con fibras sintéticas que se transformaban en una “masa gelatinosa” en contacto con un líquido, creando un caldo de cultivo en el que la bacteria Staphylococcus aureus podía desarrollarse libremente. Tierno había hecho un gran hallazgo: esa era la causa del problema.

A finales de los 80, Tierno y su compañero, Bruce Hanna, publicaron un estudio que establecía una relación entre el SST y algunas de las fibras sintéticas utilizadas en la fabricación de los tampones. Aquellos materiales —de muchos de los cuales se ha prohibido el uso— contribuían a generar el entorno ideal para que las toxinas del estafilococo se multiplicaran y pudieran acabar alcanzando el torrente sanguíneo.

Para el 33 por ciento de la población que es portadora de la bacteria, el SST puede constituir un problema grave en muy poco tiempo.

“Siempre hago la analogía de la invasión del Día D en la Playa de Omaha”,explica John Townes, director médico del centro de control y prevención de infecciones de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón. “Hacía falta un determinado número de tropas para poder establecer una cabeza de playa. Una vez hubieras reunido a las personas suficientes, ya podían avanzar y empezar a lanzar bombas y granadas al enemigo”.

La mayoría de las personas tienen un recuento muy bajo de la bacteria estafilococo en la piel, por lo que en su caso no representa un problema, según afirmó Townes. “Pero cuando un gran número de ellas se reproducen a la vez”, añade, “pueden empezar a producir toxinas que te hacen enfermar”.

Mucha gente cree que los tampones actuales no presentan ningún tipo de problema. Piensan que es cosa de los 80.

Townes recalcó que los tampones por sí solos no provocan el SST y que unos buenos hábitos de higiene reducen enormemente el riesgo. Pero para las chicas jóvenes como Roberts, el SST, más concretamente la toxina TSST-1 que produce el estafilococo, puede suponer una grave amenaza.

Con la edad, el cuerpo suele producir un anticuerpo para protegerse contra la toxina. Pero “si la persona está infectada con una cepa que produce TSST-1 y no genera ese anticuerpo, pueden llegar a desarrollar el síndrome con toda su virulencia”, explicó Townes.

Por ello, según Tierno, los médicos deberían acostumbrarse a hacer más preguntas a aquellas adolescentes que presenten síntomas de gripe. El médico explica que a Roberts debieron hacerle preguntas como “¿Tienes la menstruación? Si es así, ¿estás usando tampones? Si lo haces, deja de hacerlo”.

“El SST es una enfermedad de los jóvenes”, añadió Tierno.

En su libro, The Secret Life of Germs, Tierno afirma que solo la mitad de las chicas menores de 16 años cuentan con los anticuerpos para combatir la TSST-1. Si llevan un tampón durante mucho tiempo —quizá nueve o diez horas, cuando se quedan dormidas un sábado por la mañana— el riesgo de contraer el SST aumenta.

“La mayoría de las mujeres no se deja el tampón puesto durante mucho tiempo”, afirma Townes. “La idea es que los estafilococos que se acumulan en la zona vaginal no tengan tiempo de multiplicarse”.

Aunque las probabilidades de desarrollar el anticuerpo incrementan con la edad, la amenaza no desaparece del todo. Ha habido casos de mujeres con cuarenta y tantos años que han muerto de SST. El pasado abril, una representante del Partido Demócrata de EU en Nueva York introdujo la Ley Robin Danielson sobre seguridad en los productos de higiene femenina, llamada así por la mujer que falleció a los 44 años de SST al utilizar tampones convencionales.

Si ya se sabe que los tampones fabricados con fibras sintéticas propician la aparición de toxinas del estafilococo, ¿por qué no se fabrican únicamente con algodón? Tierno dijo que es una pregunta que se ha planteado durante décadas y que resulta especialmente curioso si se tiene en cuenta que nunca ha habido casos de SST con usuarias de tampones solo de algodón.

“Mucha gente cree que los tampones actuales no presentan ningún tipo de problema”, explica. “Piensan que es cosa de los 80. Pues no. Incluso hoy en día sigo testificando en casos de muerte por este tema”.

Diane Roberts se hace eco del mismo mensaje. “Mi marido nunca había oído hablar del SST”, declaró a un diario británico la semana pasada. “Si un padre lee esto antes de que su hija enferme, podría salvarle la vida”.

Teniendo en cuenta que una mujer utilizará cerca de 16,800 tampones en su vida, Tierno asegura que seguirá presionando a los fabricantes para que todos sus productos se elaboren con algodón. Incluso afirma haber pedido a las empresas que incluyan una calavera y dos tibias cruzadas en las etiquetas.

Pone como ejemplo a Maloney, quien lleva luchando por que se aumente la seguridad de los tampones desde 1997.

“No deja de introducir la propuesta de ley una y otra vez”, afirmó Tierno. “La verdad es que, si los hombres tuvieran vagina, la ley se habría aprobado en la primera ocasión”.

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